Carta de despedida de un residente

Estimado Don Juan Carlos Abánades, Director Técnico de Docencia e Investigación,

Estimados Doña Ana Míquel y Don Jesús Vázquez, Gerentes de Planificación y Calidad y Asistencia Sanitaria,
Queridos compañeros de Unidades Docentes de Atención Familiar y Comunitaria,
Queridos tutores y tutoras de residentes,

Y queridos compañeros residentes, médicos y enfermeros de Atención Familiar y Comunitaria:
Cuando me ofrecieron la posibilidad de participar en un evento de este tipo, lo primero que pensé es cómo transmitir tantos sentimientos concentrados y tantas vivencias almacenadas en la memoria durante esta corta y a la vez larga etapa de nuestras vidas. ¿Cómo conseguir que mi experiencia particular fuera extrapolable a las que todos nosotros, en mayor o menor medida, hemos vivido?
Y tras dar mil y una vueltas a qué contar, qué decir, pensé: ¿es este el final de una escalera de muchos peldaños? Pues sí y no probablemente. Son tantas las escaleras que hemos subido desde que iniciamos nuestro andar en esta etapa de aprendizaje, que sin duda probablemente estemos en otro descansillo más.
Todos y cada uno de nosotros procedemos de diferentes lugares, unos del mismo Madrid, otros de sus alrededores. Otros decidimos venir desde distintos lugares de España y algunos se animaron a abandonar incluso su país. Todos con el objetivo de formarnos y convertirnos en especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria.
Tras muchos años preparándonos, estudiando de sol a sol, presentándonos a un sinfín de pruebas y exámenes, de ratos muy buenos y otros menos buenos, llegó aquél día en el que pulsamos un botón que nos convertía en residentes de Medicina Familiar, esa especialidad que a veces cuesta más de un minuto explicar en qué consiste.
Comenzó entonces esta etapa de formación a la que ponemos fin durante estos días. Una de nuestras principales inquietudes sin duda fue aquello de:¿dónde hago la residencia? ¿en qué hospital de referencia? ¿en qué centro de salud quiero estar?… incluso ¿y qué tutor elijo, si no les conozco de nada? Y, sin embargo, probablemente casi todos diríamos que nuestro tutor, centro, hospital o área, fueron la mejor de las opciones.
Entonces, ¿porqué todos hemos elegido lo mejor? Personalmente creo que por dos motivos: nos gusta la gente y nos gusta lo que hacemos. Cuando los futuros residentes han acudido preguntándome por estas mismas dudas posteriormente, he aprendido a dirigirme a ellos con una cuestión clara, pero que tal vez no se han planteado: ¿te gusta trabajar con las personas, o te gustan las enfermedades? Esta pregunta que puede dejarnos perplejos incluso a alguno de nosotros creo que es precisamente la clave de lo que hace especial al residente de nuestra especialidad.
Y es que el médico de familia que hoy llevamos dentro es el resultado de años de formación, intentando comprender que el ser humano no solo es un hígado, un corazón o un conjunto de aparatos, sino que es un ser que tiene una familia, amigos, que vive en un entorno concreto, con unas características concretas y que además sufre o es feliz a consecuencia de ello. Su vida diaria y su entorno marcan profundamente el curso de su enfermedad, y en medio de todo ello nosotros intentamos guiar el proceso y buscarle soluciones eficaces.
Es por ello que tras nuestro trasiego por múltiples especialidades un día por fin aterrizamos en nuestro centro de salud y con nuestro tutor emprendimos un proceso de integración de todo lo que antes conseguimos rescatar de entre nuestras múltiples rotaciones.
Algunas de estas rotaciones nos fascinaron, otras nos desencantaron, unas se hicieron eternas y otras tal vez demasiado cortas, pero, en cualquier caso, de todas ellas sacamos algo positivo: reforzamos el cariño que tenemos a nuestra especialidad al reafirmarnos en nuestra opción de ser especialistas en personas.
Un año en el centro de salud da para bastante. A mi parecer es más que suficiente para darte cuenta de si lo que haces te gusta, tenga o no matices, como el escaso tiempo que tenemos para hacer lo que queremos y hacerlo lo mejor posible, o el hecho de que nos hayamos bandeado mejor o peor en algunas de las múltiples habilidades de comunicación que hemos ido adquiriendo.
Como diría mi tutor, nos hemos hecho mayores sin darnos cuenta, y habría que vernos con una cámara oculta el primer día que pasamos consulta de R1 y ahora. Y es que, en realidad, y casi de manera involuntaria, hemos ido trabajando tantas habilidades que nos parece mentira estar a cargo de la consulta de nuestros tutores durante estos días.
Es más, ahora los pacientes nos conocen, y salvo Don Manuel y Doña Margarita que siguen siendo fans incondicionales de nuestros tutores, casi ninguno pone excusas ya para pasar a nuestra consulta porque han empezado a confiar en nosotros.
Esa confianza, que al principio nos parecía imposible, la hemos ido trabajando día a día y supone el 50% del éxito de nuestro trabajo de ahora en adelante… y con esto que digo muchos de vosotros y hasta yo pensaremos ¿y cómo consigo eso haciendo de suplente durante 5 días?
Permitidme hoy, que es día de celebración, no pensar que nuestro futuro será estar haciendo suplencias de corta duración durante una larga temporada. Tras tantos años de formación y sacrificios no debe ser ese nuestro futuro, salvo por pura decisión personal, y a pesar de todos los obstáculos que nos pongan por el camino no debemos permitir que nuestra formación y nuestra especialidad acabe relegada a eso.
Una de nuestras cualidades, para la que hemos sido formados, es acompañar a lo largo de la vida del paciente. Por tanto, para desempeñar bien nuestro trabajo debemos poner todo nuestro empeño en acompañarles y buscar los medios para ello.
Hablar de calidad asistencial en nuestra profesión es también hablar de continuidad asistencial, entre otras cosas. Ofrecer continuidad asistencial es dar confianza a nuestros pacientes y facilitar que nuestro servicio para los demás sea de alta calidad, estableciendo los lazos de confianza que son la base de nuestra relación con los pacientes.
Desarrollar la capacidad para acompañar es sin duda uno de los peldaños más grandes que hemos escalado.
Llegamos a esta etapa en general con mucha teoría y poca práctica, y poco a poco hemos ido adquiriendo las habilidades para aplicarla en la vida real, muy lejana a los libros que nos estudiamos durante la carrera. Y es que nuestros pacientes, no solo tienen enfermedades, las tienen en el contexto de su vida personal, con sus virtudes y defectos, con sus aptitudes y sus limitaciones para comprenderlas.
Nunca terminaremos de aprender, porque siempre tendremos que seguir haciendo el esfuerzo de conocer a nuestros pacientes y adaptar nuestros conocimientos a sus circunstancias personales… por tanto, seguiremos subiendo escaleras y como dijo mi jefa de estudios hace un par de semanas en la presentación de proyectos de nuestro área, seguiremos siendo eternos residentes.
No quiero finalizar sin antes dar mi más sincero agradecimiento a todas las personas que nos habéis acompañado durante estos años.
En primer lugar a nuestros tutores, que en muchas ocasiones han invertido todo su esfuerzo en nosotros y desempeñan un trabajo que no tiene precio. Durante este tiempo nos habéis orientado en nuestras decisiones y hemos aprendido en vuestra compañía. En este caso, y dado que se me ha dado la oportunidad de hablar en público, quiero agradecer especialmente a mi tutor que, además de referente en lo personal, ha sido un verdadero compañero de trabajo. Gracias.
Agradecer la labor de las diferentes unidades docentes, jefes de estudios, técnicos de salud, secretarios y demás profesionales de nuestras unidades docentes, que en la medida de sus posibilidades han colaborado directa o indirectamente en nuestra formación. A todos, muchas gracias.
Quiero agradecer igualmente su colaboración a los demás profesionales médicos de los centros de salud y hospitales donde nos hemos formado, que en algún momento se han visto implicados en nuestra formación. De ellos nos llevamos también un bonito recuerdo y su experiencia. En ello incluyo a los profesionales de enfermería, con quienes trabajamos día a día, codo con codo, buscando siempre la mejor atención para nuestros pacientes.
Al resto de personal de nuestros centros de salud, con quienes hemos formado parte de un Equipo de Atención Primaria. Un agradecimiento especial para nuestras unidades administrativas, que esperamos nos recuerden tanto como nosotros y nos llamen este verano para trabajar juntos.
Y por último, como no, a vosotros, compañeros de fatigas, nuestros coerres, aquellos con quienes pasamos noches interminables de guardia… y nuestros resis mayores, aquellos de los que absorbimos como esponjas todos sus conocimientos para manejar agudos. Y a nuestros Rs pequeños, a los que esperamos haber podido transmitir aunque sea algo de lo que nos dieron nuestros mayores.
Compañeros, llegamos al final… y a estas alturas muchas veces nos seguiremos planteando esa afirmación permanente durante la residencia de: “acabo la residencia y aún no me lo sé”. Hasta ahora hemos tenido un motor que nos ha impulsado a formarnos. Durante estos años hemos aprendido a aprender. Y a partir de ahora, seremos nuestros propios motores, y por tanto, “aprender es la tarea que tenemos pendiente durante el resto nuestra vida.

Muchas gracias y hasta pronto.
Imanol Domínguez Alonso
Residente 4º Año Medicina Familiar y Comunitaria
Centro de Salud El Greco (Getafe).

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