Entre debate y debate

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La Escola de Salut Pública de Menorca celebró este año su XXVI edición en la que se incluyeron 11 cursos y 13 encuentros abarcando distintas áreas de conocimiento dentro de la Salud Pública: desde aspectos sociales y comunitarios a herramientas de comunicación, la evaluación económica, investigación o la ética, entre otras, demostrando de esta forma lo multidisciplinar y multisectorial que es la Salud Pública y todo ello en un paraje de ensueño como es el Lazareto de Maó.

Dentro de este marco he tenido la oportunidad de asistir a 2 cursos: el primero, Impacto de las crisis económicas sobre la salud y las desigualdades sociales con Javier Segura y Marta Sastre; y el segundo, ¿Cómo identificar y mapear los activos en salud de una comunidad? con Rafael Cofiño y Mariano Hernán. Fantásticos ambos cursos y muy recomendables para adquirir nuevas perspectivas y sobre todo para crear o remover inquietudes.

Y entre debate y debate, he ido planteándome reflexiones. La principal, soy un proyecto de médico de familia y han tenido que pasar más de 3 años hasta que alguien me ha preguntado ¿por qué no vas a algún curso de Salud Pública en Menorca? Nadie te explica a lo que se dedica esta disciplina y resulta que en Salud Pública trabajan profesionales de diferentes ámbitos con un fin concreto: la promoción y prevención de salud. ¡Qué sorpresa! Creo que en parte yo también me voy a dedicar a esto, o al menos eso me han explicado.

Así es como decido que en mi último año de residencia merecía la pena durante 5 días subirme a un barco para que profesionales de este contexto me explicasen diferentes formas de entender la medicina porque al parecer “el centro de salud no es el único centro de salud” y resulta que en ocasiones el tratamiento te lo puede dar la propia comunidad en forma de activos, entendiendo estos activos como “las cosas que hacen barrio”: asociaciones, centros cívicos, polideportivos que promocionan el deporte o la utilización de zonas verdes; es decir los activos en salud tienen que ver con espacios vivos y no solo con edificios muertos.

Además, me cuentan que podría ser una buena idea “observar más despacio” para detenerme a identificar activos de mi comunidad y en consecuencia generar acciones, para así añadir un punto de vista salutogénico a mi consulta. Habitualmente una comunidad tiene muchos recursos pero demasiadas veces están desconectados entre sí y es una lástima que existiendo estas iniciativas, no se conozcan. Por tanto, conectar aquello de lo que se dispone es optimizarlo.

A ver si me entero bien, ¿se podría recetar paseos 3 veces en semana a días alternos de 1 hora de duración como si de un medicamento se tratase para mejorar parámetros analíticos y clínicos?

Verónica Rodríguez

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